La mujer que asesinó a su hija de cinco años en Italia, a la juez: «Mientras la golpeaba me di la vuelta porque no quería mirar»

Se revelan los detalles de la orden de detención de Martina Patti por el asesinato de su hija, Elena Del Pozzo: «Para la niña fue una lenta agonía y por parte de la madre no hay ninguna señal de arrepentimiento» Leer

La mujer que asesinó a su hija de cinco años en Italia, a la juez: «Mientras la golpeaba me di la vuelta porque no quería mirar»

Se revelan los detalles de la orden de detención de Martina Patti por el asesinato de su hija, Elena Del Pozzo: "Para la niña fue una lenta agonía y por parte de la madre no hay ninguna señal de arrepentimiento" Leer

Sucesos Una madre asesina a su hija de cinco años y trata de tapar el crimen fingiendo un rocambolesco secuestro Reacciones La carta del padre de la pequeña Elena, asesinada por su madre en Italia: «Martina no está loca, odiaba a la niña. Fue premeditado y no se arrepiente»

Martina Patti no sale del «no me acuerdo» y sólo se estremece cuando se le pide que relate el momento exacto en el que golpeó a su hija. En ese momento, inmediatamente siente la necesidad de explicarse: «Me di la vuelta porque no quería mirar». Es una de las informaciones extraídas del auto que valida la detención de esta madre que mató a su hija e intentó encubrirlo con la historia de un falso secuestro.

La juez Daniela Monaco trata de imaginar la angustia de la víctima y asegura que «Patti infligió múltiples golpes con un arma punzante y cortante a su hija, que fue víctima de una muerte violenta, particularmente sangrienta y probablemente lenta, a lo que hay que añadir que es posible que intentara resistirse y escapar. Esto lleva a pensar que la madre quería matarla y que fue un acto premeditado».

Tras la reconstrucción de los hechos y la confesión de la madre, la jueza es dura. «Matar a un niño a esa edad, que además es indefenso, constituye un gravísimo delito y además es un comportamiento antinatural, repugnante, éticamente inmoral, reprobable y despreciable, inaceptable en cualquier contexto… es indicativo de un marcado instinto criminal y de un alto grado de peligrosidad», sentencia. A esto se suma que Martina no mostró ningún signo de arrepentimiento. Según recuerda la juez, la madre escenificó un secuestro ficticio «con extrema lucidez y no mostró ningún signo de arrepentimiento ni contrariedad». Todo esto, «denota una particular imprudencia, insensibilidad y absoluta falta de arrepentimiento». Así, la describe como una mujer «lúcida y calculadora» que, de no ser detenida, «podría fugarse».

Al leer la orden judicial parece estar viendo a Martina aquel 13 de junio. Tras pasarse la mañana estudiando para su examen de la facultad de Enfermería, se puso «un corpiño y una falda azul y blanca». A las 13.00 horas recogió a su hija de la escuela, la llevó a casa y le dejó comerse un pudin de chocolate y ver los dibujos animados en su teléfono móvil. Pero de repente la escena cambió: metió a la pequeña en su coche y se llevó un cuchillo, una pala, una azada y cinco bolsas de basura. Después, paró el vehículo a 600 metros de su casa para hacer lo inimaginable. Por el momento no hay detalles del estado del cadáver.

Bajo un sol abrasador, la falda azul y blanca de Martina quedaron impregnadas de la tierra negra característica del Etna y de la sangre de su hija. Tras cometer el crimen, volvió a casa, se duchó, se cambió de ropa y comenzó la puesta en escena del supuesto secuestro. Eran las 16.00 horas cuando se dirigió a los Carabinieri y les contó que varios hombres armados y encapuchados le habían gritado: «No haremos nada, pero mataremos a la niña». Recurrió a una vieja historia de unas amenazas que había recibido su ex pareja para que su relato pareciera más creíble y su coartada fuera perfecta y después añadió que en el pasado la había golpeado. Durante unas horas se mantuvo en pie su historia pero después el castillo de mentiras se derrumbó.

También se conocen ahora detalles de peleas con su ex pareja por imágenes colgadas en redes sociales. La mujer asegura que el padre de la niña colgó «una foto con la chica nueva [su nueva pareja]» y la niña le dijo que cuando pasaba tiempo con su padre también estaba con ellos su nueva pareja, algo que asegura que no le molestaba. Sin embargo, el padre de la pequeña da una versión opuesta: «Hace días Martina me dijo que Elena estaba enfadada conmigo porque le había enseñado una foto mía con mi pareja. Quizá me equivoqué, pero también le enseñé a la niña fotos de su madre con su pareja… Creo que Martina todavía siente algo por mí». De hecho, ha contado que la noche anterior al crimen, Elena se había acostado con él y su nueva pareja.

En resumen, la niña se había convertido en un arma entre la pareja. La orden revela finalmente que la mañana de la confesión fue el padre el primero que sospechó de ella. «Dime la verdad», le pidió, a lo que ella dijo: «Entonces ya no me querrás», para después añadir que «la niña ya no está».

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