Sólo medimos tres de cada 10 toneladas de CO2 que emitimos: mandar un correo también contamina

Los expertos sostienen la importancia de utilizar el Big Data para mejorar la medición del impacto de la acción humana sobre el medio ambiente Leer

Sólo medimos tres de cada 10 toneladas de CO2 que emitimos: mandar un correo también contamina

Los expertos sostienen la importancia de utilizar el Big Data para mejorar la medición del impacto de la acción humana sobre el medio ambiente Leer

Medio ambiente 2021 rompió los récords del cambio climático con inundaciones y olas de calor excepcionales

La dificultad a la hora de medir los efectos que nuestras actividades diarias ejercen sobre el planeta puede convertirse en unos de los principales problemas a la hora de afrontar el proceso de descarbonización que marca Europa. De cada tonelada de gases de efecto invernadero que enviamos a la atmósfera, apenas somos capaces de contabilizar el 30% del total, tal y como expone el informe sobre la huella de carbono en los hogares españoles publicado por BBVA.

El problema radica en que, si bien es cierto que somos capaces de contabilizar la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos en relación a nuestra vivienda, continúa siendo muy difícil extrapolar al cómputo global actividades como, por ejemplo, ir al teatro, salir a cenar o hacer uso del transporte. «Cuando mando un correo, voy al cine, cojo el metro o voy en el 27, estoy haciendo uso de mi huella de carbono», sugiere Julián Cubero, economista líder de BBVA Research.

En 2016, los hogares españoles emitieron a la atmósfera, en cifras oficiales, 66 millones de toneladas de CO2, en su mayoría provenientes del vehículo privado, la calefacción y la cocina de su hogar. Sin embargo, esta cifra no reflejó el daño ambiental real. El estudio del BBVA asegura que, teniendo en cuenta las emisiones indirectas no recogidas en esta primera cifra, en realidad fueron 210 millones de toneladas las que terminaron en la atmósfera. Un déficit de medición de más del 200%. «Las estadísticas oficiales sólo nos dan un trocito de la huella de carbono«, asegura Cubero. El análisis revela que, ese año, los gastos de los hogares en movilidad (25%) y alimentación (25%) representaron la mitad de la huella de carbono indirecta de los hogares. El uso intensivo de ropa aporta anualmente el 3%.

Para el investigador es el momento adecuado para comenzar a aplicar técnicas de análisis de «datos masivos» -big data- que permitan abordar esta situación. Con este enfoque, se podría llegar a monitorizar los esfuerzos de descarbonización de las diferentes familias españolas, estimando de una forma mucho más precisa su contribución a la huella de carbono global. «El cálculo de las emisiones individuales de CO2 requiere un enfoque integral, que combine datos y análisis de diferentes fuentes y aproximaciones», apunta el documento.

El estudio recoge la importancia de no recurrir a los datos de otros países para calcular la huella de carbono doméstica ya que pueden existir diferencias significativas. «La huella de carbono de un hogar concreto puede ser muy diferente de la de otros incluso dentro de un país: tenemos que mejorar esta medida para acercarnos lo más posible al hogar concreto», matiza.

Este tipo de datos permitiría, a ojos del investigador, establecer una serie de correlaciones que ya indica la literatura económica, como es la que hay entre los niveles de renta y la contaminación. Las rentas más altas «son más intensivas en el uso de CO2, mientras que las más bajas están más expuestas a las emisiones ligadas al combustible», justifica.

Deja una respuesta